Cuando yo te escucho, Violeta, mi corazón se alegra,
secando mis penas al escuchar “La Jardinera”.
Cuando yo te escucho, Violeta, no puedo dejar de sentir vergüenza:
no hemos avanzado; seguimos perpetuando las injusticias que tanto denunciabas.
Cuando yo te escucho, Violeta, me contagia tu irreverencia,
tu canto que despierta conciencias.
Cuando yo te escucho, Violeta, me contagia tu rebeldía,
tu manera de dar “Gracias a la vida”.
Cuando yo te escucho, Violeta, siento que conozco un poco de tu tierra;
siento que puedo comprender al ser humano,
sí, que puedo ver al bueno tan lejos del malo.
Gracias, Violeta, por compartir tu canto,
por hacer poesía de tu camino rodado.
Con un poco de vergüenza, suelto al viento estas letras,
usadas como excusa perfecta para recordar tu voz y tu guitarra,
albergando la esperanza de mantener eterna a Violeta Parra.

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