En el camino al trabajo a veces se aprenden cosas

 



Hoy quiero dejar la rima a un lado y contar una breve historia que, sin proponérselo, me hizo reflexionar.

Una mañana iba camino al trabajo con mi padre. Él siempre conduce; ya que se proclama a sí mismo un conductor ávido y experimentado, y eso, por supuesto, nada tiene que ver con mi falta de habilidades al volante. Mientras esperábamos en un semáforo, ya muy cerca de nuestro primer destino, pasó de manera veloz sobre el cable del alumbrado eléctrico, una ardilla. De por sí, no es muy normal ver ardillas en lugares de grandes edificios, pero esta tenía una particularidad: no tenía cola. 

Escucho a mi padre, que me dice con un tono apresurado y de sorpresa:

—Mirá, mirá esa ardilla. No tiene cola.

—Sí, no tiene cola —afirmé.

Mi padre, a quien sin darse cuenta le salen frases filosóficas, me dice:

—Sí, perdió la cola, pero ganó la vida.




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